Río perdido
Río perdido Ina bajó las escaleras atravesando después el nuevo y anchísimo corredor que conducía a la parte que había sido la antigua casa. Su padre había cometido el error de erigir un edificio de piedra junto a la vieja casa, mitad de troncos, mitad de ladrillos, mas era muy significativo que, a pesar de haberse encumbrado, no podía olvidar el humilde refugio de antaño. Hasta conservaba en él una habitación para sí y las oficinas junto a la antigua estancia habíase construido una cocina, y aquélla, a juzgar por las largas mesas y bancos rústicos, estaba destinada a la horda de vaqueros de su padre.
Ina se asomó al comedor antes de seguir adelante. Estaba vacío. Después oyó a su madre en la cocina y entró corriendo, sorprendiéndola ayudando a: cocinero.
—Buenos días, mamá. ¿Dónde está la gente? —exclamó la joven con alegría.
—Caramba, ¡me has asustado! —dijo la madre con embarazo. Tratábase de una mujer alta, fuerte, de pelo cano y líneas duras en el rostro—. Nadie se ha levantado, excepto tu padre y yo.
—¿Ah, sí? Pero si antes Archie, a estas horas, estaba limpiando el establo de los caballos y Katie ordeñaba las vacas —repuso Ina, siempre riendo.
—Ya no lo hacen —replicó la señora secamente.
Pues yo, cuando menos voy a intentar de ordeñar las vacas.