RÃo perdido
RÃo perdido —Ina adorada —murmuró Ben irguiéndose a poco con renovada energÃa—. Corro al lado de mi caballo. Soy el hombre más rico de la tierra contigo y con él… Y eso me recuerda, Ina, que debo de tener mis diez o doce mil dólares en el Banco de Hammell. ¡Todo por caballos salvajes! Pobre papá, quisiera enseñarle ese dinero… De manera que no te casarás precisamente con un pobre… Tan pronto como logre domar al Rojo, iré a buscarte, Ina. Quisiera entrar en Hammell montado en el Rojo de California. SÃ, deseo que mi padre vea ese caballo; pero, Ina, no podrÃa venderlo.
—Clara que no, puesto que es mÃo —repuso la joven con cierta ironÃa.
—Eso es indiscutible, pero tú me perteneces a mà —contestó Ben—. Y ahora he de irme, Ina. Veo que Marvie y Modos me están esperando con los caballos. Pero ¿qué veo?…, si es mi garañón negro el que está allÃ…, un hermoso caballo que cogimos en las cavernas.
Judd lo encontró en nuestro campamento y lo ha traÃdo aquÃ. Suerte en todas partes… Ahora sólo falta que llueva.
—Lloverá, Ben, lo sé. Un viejo pato silvestre me lo dijo hace mucho tiempo con sus graznidos.