RÃo perdido
RÃo perdido En medio del inmenso regocijo que sintió, tuvo Ben, de pronto, un recuerdo doloroso. Su amigo Nevada no estarÃa allà para compartir su alegrÃa de ver que el ganado en los pastos y los animales salvajes de los montes estarÃan, al fin, salvados de la sequÃa. Nevada habÃase marchado, seguramente hacia regiones desconocidas y no volverÃa nunca más a su antigua, vida. El que Setter re conociera a Nevada, habÃa tenido para Ben una significación terrible.
A la mañana siguiente, el cielo amaneció encapotado y a poco comenzó a caer fina llovizna. Las negras nubes de la tormenta iban acumulándose durante todo el dÃa, como si las fuerzas de la Naturaleza se moviesen pausadamente antes de cumplir la tarea largo tiempo, descuidada.
Por la noche abriéronse las esclusas del cielo. Tan enorme fue el agua que caÃa, que Ben temió que el techo de su cabaña se derrumbase. Al mismo tiempo, escuchaba con inmenso placer el ruido del viento y las furiosas rachas de aguaceros que batÃan contra las ventanas.
Siguió lloviendo toda la noche, al dÃa siguiente y duran te seis dÃas más, dÃa y noche, con sólo cortÃsimos intervalos.