RÃo perdido
RÃo perdido —Hija mÃa, se ha hablado mucho. Poco después de marcharte tú, Ben se fue a la montaña loco por los caballos. Amos Ide, su padre, es un hombre de sentimientos religiosos y creo que Ben representa para él lo mismo que tú para mÃ. Pues bien, Amos no pudo hacer nada con el chico, porque éste no quiso trabajar, y por fin riñeron. Desde entonces, Ben está ausente. Yo no le he visto más, aunque otros le vieron. La señora Ide ha sufrido un rudo golpe con la ruptura y está enferma. De vez en cuando entro a ver a los Ide, pero nunca se habla allà de BenjamÃn. Durante los dos últimos años hemos dado en llevar nuestro ganado a pacer a los valles y llanos, junto al RÃo Perdido. Ben vive por allÃ. Y pasa que bastantes vacas y caballos han… han desaparecido. De aquà que se hable de Ben, aunque yo no puedo decir que se haya comprobado nunca que fuese él.
—No es fácil determinar en una región tan selvática como ésta quién es el que se dedica al abigeato[1] —interpuso la voz glacial de Setter, con dejo de autoridad—. El ganado que su papá de usted echa de menos, lo mismo que el de otros, jamás se vuelve a ver. Esto quiere decir que se lo llevan hacia el Estado de Nevada o hacia el Sur, cruzando las altas sierras.
—Tanto más motivo hay para que a un joven de buena familia, antes vecino y amigo nuestro, no se le acuse de ser un…