RÃo perdido
RÃo perdido —Pues, ¡miente usted! Ben Ide no es ladrón de caballos —exclamó Ina con vehemencia.
—Calma, muchacha —interpuso su padre—. Has estado largo tiempo fuera de casa y aquà han pasado muchas cosas, buenas y malas.
Luego se dirigió a Setter:
—Comprenda usted, Less; esto es nuevo para Ina. Ella y Ben iban juntos a la escuela, jugaban aquà de niños, y me parece que es un golpe duro para ella enterarse de…
—Yo no lo creo, papá —le interrumpió su hija, acalorada aún, pero temblando.
—Siento mucho, señorita —dijo Setter—, haber sido yo quien le diese tan mala noticia. Mas, por lo que se sabe, su compañero de infancia ha ido por mal camino.
Ina volvió la espalda a Setter, agobiada de pronto por inusitada furia y dolor. La sorpresa que experimentó al advertir su emoción aumentaba su temblor.
—Papá —dijo, tratando de dominarse—, ¿se ha podido comprobar que Ben Ide baya cometido algún acto criminoso?