RÃo perdido
RÃo perdido Al detenerse Ina antes de pronunciar la odiada palabra, Setter quitó cuidadosamente la ceniza de la punta de su cigarro y luego fijó en la joven su inescrutable e incolora mirada.
—Dice el refrán: «Dime con quién andas y te diré quién eres» —aseveró—. El joven Ide vive en compañÃa de un indio renegado, un tal Modoc, y un vaquero que huyó de Nevada por perseguÃrsele por cuatrero.
La seguridad y convicción que ponÃa Setter en sus palabras llamaron poderosamente la atención de Ina, a pesar de que la acusación le dolÃa en lo más hondo. Se quedó mirando a Setter hasta que éste perdió un poco de su frÃa serenidad, e Ina cogió un destello de lo que se ocultaba tras la máscara. Fascinábale a la joven algo que no pudo comprender. Obligada a escuchar las acusadoras afirmaciones, miraba inconscientemente, con la extraña inconsciencia de la mujer, a un hombre cuyo aspecto despertaba en ella un fuerte antagonismo, mas sin poder explicarse el motivo.
—Papá, no me parece lógico lo que dice el señor Setter —declaró la joven con franqueza—. Me hace recordar a Ben más de lo que pensé. No creo que Ben robara ni para salvarse de la muerte. ¿Cómo es posible que un muchacho cambie en tan pocos años?
Y luego, enfrentándose deliberadamente con el nuevo socio de su padre, añadió: