RÃo perdido
RÃo perdido —Señor Setter, si recuerdo bien quién es BenjamÃn Ide, tendrá que responderle a él de lo que acaba de decir. Tenga usted por seguro que yo le veré y que se lo diré todo.
—¡Ina! ¿De qué estás hablando? —preguntó su padre con impaciencia—. Eso casi es insultar a Setter. Y tú no puedes ir a buscar a Ben, ni te permitirÃa yo que hables con él.
—Creà que tú mismo me llevarÃas a ver a Ben de modo que…
Ina vio la llama de la cólera en el rostro curtido de su padre y recordó su carácter irascible; vio también que varios vaqueros habÃan ido acercándose y que la miraban boquiabiertos.
—Muchacha, vuelves aquà con ideas muy extrañas —declaró Blaine—. Si eso es todo lo que has aprendido en el colegio, lamento haberte enviado.
—Papá, tengo voluntad y opinión propia… Sé lo que he de pensar —repuso Ina muy sentida.
—Bueno, pues no pienses en ver a Ben Ide, y no se hable más del asunto.
—Querido papá, te aseguro que veré a Ben Ide —aseveró la muchacha con firmeza.
—¡Ve y entra ahora mismo en casa! —ordenó Blaine ásperamente.