Río perdido
Río perdido La cabaña gris, curtida por la intemperie, en que habitaba Benjamín Ide participaba un poco de la melancólica austeridad del país, aunque su situación era muy pintoresca, pues se hallaba en la costa sur del gran lago sobre el único promontorio que dominaba las aguas batidas por los vientos. El Río Perdido nacía precisamente debajo de la puerta de la cabaña, pues ésta no daba sobre el lago, sino sobre el río, hacia el oeste. Desde allí le era posible a Benjamín observar la tortuosa corriente en muchas millas de extensión. El promontorio distinguíase de la restante y desnuda costa del lago porque en su escaso suelo crecían algunos enebros. El lago Claro tenía diez millas de circunferencia, y en todas partes, salvo en aquel promontorio, llegaba la artemisa gris hasta el borde de la arena blanquecina de la orilla. Detrás de la cabaña, allí donde el cabo se ensanchaba, había un gran granero muy bien construido y unido a un enorme corral. En él piafaban y relinchaban caballos indómitos tal vez para comunicarse con sus hermanos salvajes que correteaban libremente en las distantes laderas que en lontananza iban subiendo hacia el cielo azul. El granero y el corral, que contrastaban con la pobre: construcción de la cabaña, hubieran advertido a cualquiera que Benjamín Ide amaba apasionadamente a los caballos y pensaba poco en sus propias comodidades.
