RÃo perdido
RÃo perdido —¡Por el amor de Dios! —exclamó, ingenuamente sorprendida—. ¿Vas a alguna fiesta? —Y con sus ojos de halcón miró a Ina de arriba abajo, dibujándose un rictus de desdén en su boca.
La mirada y el tono contuvieron el natural y franco impulso de Ina, que iba a decir a su hermana dónde pensaba ir.
—¿Te gusta mi vestido? —preguntó secamente—. TÃa Leonor me lo trajo de San Luis. Sólo se trata de un sencillo vestido de paseo, pero absolutamente moderno.
—No me entusiasma —replicó Katie.
Ina se echó a reÃr y salió. Su hermana le deseó a gritos que se divirtiese. El genuino amor de Ina por su hogar y por su familia habÃale hecho olvidar por completo, durante los años que estuvo ausente, cierto irritante trato peculiar en Katie, y ahora la recordó.
—Casi parece que a Katie no le guste que haya regresado, ni tampoco mi manera de vestir. Pues, ¿qué dirá cuando me vea con el traje que estrené el dÃa de los exámenes?