Río perdido

Río perdido

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Antes de advertirlo, llegó al rancho Ide, y se vio frente a la misma vieja puerta de madera y del seto vivo, desaliñado. El verdor del sombrío patio y la vereda que conducía a la casa eran también los mismos, y casi esperaba ver venir, saltando alegremente, a Rover, el perro de Den. Mas Rover no vino. Ina penetró por la puerta del seto y sus pasos la llevaron, como antes a la puerta posterior de la casa. El patio y la casa tenían el feo aspecto que les imprimía el uso y la comodidad. Cruzando el amplio pórtico, llamo a la puerta.

Ésta se abrió al instante, saliendo una muchacha de rostro simpático, ojos muy azules y cabello, rizado. Hasta tenía las pecas que Ina tan bien recordaba. Llevaba la muchacha un amplio delantal, los brazos arremangados hasta el codo y en una mano tenía una escoba. De momento se quedó mirando a la recién llegada.

—Hettie, ¿no me conoces? —preguntó Ina.

—Yo… sí…, no —balbuceó la muchacha, con el rostro encendido.

—Soy Ina Blaine.

—Sí…, claro…, sabía que eras tú, sólo que estás tan cambiada…, tan elegante —repuso Hettie con encantador aturdimiento—. Ya nos dijeron que habías vuelto. Me alegro de verte. Entra, mi madre está dentro.


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