RÃo perdido
RÃo perdido —Hettie, tú has crecido mucho, más que Dall y Marvie —dijo Ina entrando en la amplia y bien iluminada cocina—. Sin exagerar, puedo devolverte el cumplido.
—Gracias —repuso Hettie sonrojándose—. Eres tan amable como siempre. Ven y verás a mi madre.
Y la llevó a una habitación grande, en la que hacÃa la vida la familia Ide.
—Mamá —anunció Hettie a la mujer de rostro dulce y triste que se levantó—, aquà está Ina Blaine, que viene a vernos al dÃa siguiente de su regreso.
—Espero, señora Ide, que usted se acuerde de mà —dijo Ina avanzando, un poco emocionada.
—¡Ina Blaine! —exclamó la anciana, temblorosa la voz, apresurándose a ponerse sus lentes—. ¡Cómo no he de recordarte, si tu nombre casi me es tan familiar como el de Hettie…! ¡Conque tú eres Ina! No te hubiese reconocido. Bien venida seas, querida. Es un rasgo muy tuyo venir a vernos en seguida. Ya dije anoche que tú no cambiarÃas.
—¡Oh, señora Ide!, cambiada estoy, puesto que ahora ya soy mayor —repuso Ina estrechándole la mano, y luego, cediendo al cálido impulso de su corazón, besó la macilenta mejilla—. Pero me alegro de estar en casa y… pienso seguir siendo la que era.