RÃo perdido
RÃo perdido —Claro que sÃ, hija, a pesar de que ahora eres ya toda una mujercita. Ven, siéntate aquà y cuéntanos de tu vida. Ina no habÃa tenido nunca un auditorio tan atento como Hettie y su madre. Habló durante más de una hora, contando la vida que habÃa hecho durante, su ausencia y los mil incidentes del colegio.
—Muchas gracias, Ina, por el rato agradable que nos has proporcionado —murmuró la señora al final—. Espero que los cambios que se han operado en tu casa no te hagan desgraciada.
—No lo consentiré —repuso Ina, animada—. Confieso que me hubiese gustado encontrar a los mÃos igual que los habÃa dejado, pero… no es asÃ. ¡Qué le vamos a hacer! Yo sabré atenerme a la nueva situación.
—¿Vas a venir a vemos de cuando en cuando? —preguntó la señora Ide.
—Lo mismo que antes —contestó la joven con calor.
—A tu padre no le gustará, Ina. Es un hombre muy duro, en cierto modo tanto como mi marido.
—Ya hemos tenida un choque —dijo Ina cándidamente—, del que salà mal librada.
—Mamá, Ina sigue tan valiente como cuando disputaba con Ben —exclamó Hettie con súbito impulso.