RÃo perdido
RÃo perdido —¡Qué buena eres, Ina! —exclamó la muchacha casi sollozando, y le cogió la mano—. No hay mucho que contar. Ben adoraba la vida de las selvas y los caballos salvajes. No podÃa remediarlo. Mi padre lo echó de aquà por eso… Hizo que Ben fuese casi un proscrito. Mi madre está descorazonada y yo… sufro también. Acerca de BenjamÃn se han inventado toda suerte de mentiras, y desde que ha venido aquà ese Setter, le difaman más y más.
—Me he encontrado ya con Setter. No me gusta ni me inspira confianza, Hettie. Dijo cosas muy graves sobre el amigo de Ben, un vaquero de Nevada.
—Le odio, Ina —exclamó Hettie, sonrojada—. Además de sus mentiras sobre Ben, tengo otros motivos. —No hace falta que me los digas. Durante mis cuatro años de ausencia he conocido a muchos hombres… Hettie, yo no puedo creer que Ben sea capaz de robar.
—Yo sé que no lo harÃa, Ina —repuso Hettie con calor—. No es fácil decir cómo lo sé, pero tenga la Ãntima convicción de lo que digo.
—¿Es que tu familia ha perdido la fe en Ben?