RÃo perdido
RÃo perdido —¡Oh caballos salvajes! ¿Cuánto tiempo podréis resistir allà arriba? —exclamó el joven con amargura—. Un año más de sequÃa significa el fin de vuestra libertad.
Ello recordó a BenjamÃn sus propias esperanzas, largo tiempo sin realizar. Si querÃa coger una buena manada de caballos valiosos, para demostrar a su padre que la caza de caballos salvajes era provechosa y no sólo oficio de vagabundos y bandidos, era preciso realizarlo aquel año. Si querÃa coger al Rojo de California, el caballo que, más que otra cosa, era el señuelo que le llevara a la región solitaria, era necesario emprender inmediatamente la casi imposible tarea, porque otro verano tan seco y caluroso como los anteriores acabarÃa con todos los caballos y los echarÃa definitivamente de la región hacia otras más abruptas.