RÃo perdido
RÃo perdido —Aquél era el joven Macadam en el coche de los Blaine —anunció Ketcham confidencialmente mientras esperaba que Ben diese sus encargos.
—¿Macadam? No lo vi. ¿Quién es?
—Su padre es un comerciante muy rico de Klamath. Su hijo Sewell es un ambicioso, corre tras Ina Blaine, y la gente dice que el padre de ella quisiera tenerlo por yerno.
Ben se alejó con la mayor rapidez posible del radio de tales chismografÃas, pero esto no mitigó su dolor. Luego recordó lo que Nevada le dijera acerca de ese Macadam.
Sin poder olvidar a Ina, llevó su caballo a una cocherÃa para darle de comer y de beber. Después pensó en sus propias necesidades, aunque no sentÃa gran hambre. Sin embargo, encaminóse a un restaurante.
Un viento fresco soplaba desde la montaña; era la hora de la puesta del sol y los patos silvestres volaban altos dando graznidos.
Ya la oscuridad habÃa invadido la gran cuenca del lago Tule cuando Ben Ide entró a caballo en la vereda donde antaño corriera con los pies desnudos. En el borde de la lejana sierra advertÃase la claridad de la luna naciente. En mitad de la vereda, junto a un grupo de árboles, detuvo Ben su caballo y continuó el camino a pie.