Senda de héroes
Senda de héroes Entre la manada más grande y la de Ormiston cabalgaban cuatro jinetes, dos a cada lado de la ancha calle que quedaba entre las dos. El ganado andaba todavÃa penosamente con la cabeza baja, como si cada paso que daba tuviera que ser el postrero. El fuerte olor que despedÃa hirió el olfato del vaquero, que, seguido de Drake y Leslie, que le pisaban los talones, partió al encuentro de los ganaderos.
—Traemos órdenes de Dann. Hay que reunir el ganado y hacerlo subir en dirección contraria a la del rÃo. El caudal es muy profundo y las orillas muy altas. Diga a sus vaqueros que se aparten de entre las dos manadas.
Ormiston acentuó con una mueca de desagrado su aborrecible expresión.
—Nosotros no queremos que nuestra vacada se mezcle con la de Dann.
Sterl declaró en tono seco:
—No pueden evitarlo.
—Eso lo dice usted, señor vaquero. Las mantendremos separadas.
—Hathaway, si este hombre no tiene criterio, por lo menos usted lo tiene —gritó Sterl—.
Las bestias están ardiendo de sed; cuando sientan el vapor del agua, será imposible contenerlas o desviarlas. ¡Se precipitarán en tropel!