Senda de héroes
Senda de héroes Sterl se enteró de que cuando en un campamento indígena ocurría una defunción se marchaban todos al momento a otra parte. Aquellos negros iban completamente desnudos, excepción de un taparrabos fabricado con hierba o pelo tejido. Los hombres eran delgados, aunque musculosos, negros como el carbón, y de ancha cara coronada por una mata de pelo negro, enmarañado. Al principio, las tropas de chiquillos, de vientre exageradamente hinchado, se deshacían atropelladamente como una bandada de codornices espantadas cuando se les acercaba alguien. Las mujeres, maduras o gins, eran una monstruosidad tal que Sterl tenía que hacer un esfuerzo para mirarlas. Y en su mayor parte, tampoco daba placer poner los ojos en las lubras. Unas pocas, sin embargo, resultaban atractivas, y, a su vez, no sentían repugnancia, muy al contrario, para mirar a los vaqueros más jóvenes con ojos incitantes.