Senda de héroes
Senda de héroes Comer era el problema del aborigen, y lo comÃa todo, desde basura, hierba, semillas y frutas, hasta las hormigas.. y a su propia especie. Era cazador. Él mismo se fabricaba sus armas, muy pocas en número, y ésas llevaba. Friday explicó a Sterl que cogÃan peces vivos con las manos debajo del agua. El vaquero vio algunos, en el campamento de Dann, zambullirse y nadar muy por debajo de la superficie; los vio comerse un toro hasta los últimos vestigios; la carne, las entrañas y aun los cuernos, después de triturarlos a golpes. Encontró en las praderas a lubras y chiquillos que hurgaban el suelo en busca de raÃces, hierbas, lagartos, huevos, y de uno de los reptiles que más apreciaban, el goana. Una mañana, cuando Red acompañaba a Sterl y a Leslie, con el inseparable Friday, a una visita a los aborÃgenes, tropezaron con dos negros, ambos de edad madura, cuyos ojos de vampiro se clavaron en las piernas desnudas, morenas y esbeltas de Leslie, y sólo se levantaron después de posarse en la roja cabeza del vaquero. Uno de ellos adoptaba la más curiosa postura. Apoyándose en la lanza se sostenÃa sobre una sola pierna, al par que doblaba la otra en ángulo recto con el pie apretando contra la cara interna del muslo. Sin embargo, parecÃa estar muy a su placer.
—¿Qué le pasa a ese zagal? —inquirió Red.
—Nada. Está descansando y nada más. Veo a muchos negros en la misma posición —replicó Sterl.