Senda de héroes
Senda de héroes Su anhelo fue escuchado. Al caer la noche, después de cenar, apareció el negro, y su figura entre las sombras parecía dominante, irreal. El cochero le dio algo para comer, y el nativo, despachándolo rápidamente, se acercó a Jones y le habló en voz baja.
Jones contestó señalando a Sterl.
—Allá está, sentado junto al fuego.
El negro se acercó despacio, permaneció quieto un momento a la entrada del círculo de luz y después se dirigió al vaquero, pidiendo con voz profunda y apagada:
—¿Tabaco?
—Sí —contestó el muchacho.
Y le ofreció el puñado que había tenido la precaución de sacar de su paquete. Al depositarlo en la mano del indígena pudo observar perfectamente que éste las tenía sorprendentemente finas y bien formadas. En seguida observó también que el negro despedía un olor fuerte, desagradable.
—Siéntese, jefe —dijo el vaquero, acompañando las palabras de gestos apropiados.