Senda de héroes
Senda de héroes El rostro de Eric se puso colorado como una amapola.
Por Dios, que me volveré atrás! —gritó.
Stanley le respondió dominando su manifiesto acaloramiento:
—Pero esta carreta y el tiro que la arrastra son mÃos.
—No me importa. ¡Me los llevaré! ¡Bien los he ganado en esta infernal travesÃa!
Red Krehl se escurrió de la silla.
—¡Bah! Es una baladronada, patrón. No tendrÃa valor.
—Espere, Krehl —ordenó Stanley Dann—. Eric, ¿qué es lo que quieres?
—Tú me trajiste a esta caravana como asociado y como guÃa —gritó Eric con voz seca.
—SÃ, asà es.
—Entonces ¡atente a este convenio, o te abandono!
—No me daba cuenta de que lo hubiera roto, Eric. Muy bien, lo sostendré..., venga lo que venga —replicó el jefe.
—¿Queda entendido que soy yo el guÃa?
—SÃ. Pero debes guiarnos. Nuevamente y por última vez. ¿conoces esta región?
—SÃ, la conozco —carraspeó Eric apasionadamente. Pero, de pronto, tuvo que hacer un esfuerzo para tragar la saliva, como si se le hubiera quedado algo atravesado en la garganta—.