Senda de héroes
Senda de héroes De un modo general, quiero decir. Este paÃs es enormemente extenso...
—¡Ya! Y usted, ¿lo conoce? —le interrumpió Red con hiriente sorna.
—SÃ, lo conozco, don... don... —estalló el desentonado vaquero echando espuma por la boca.
—¡Dann, usted es un... un embustero! ¡Saque el revólver, si tiene valor!
—¡Krehl! —tronó el jefe.
—Demasiado tarde, patrón. Quédese donde está. ¡Venga, señor Eric Dann, saque el revólver!
Eric Dann, cuyo rostro habÃa pasado del rojo al blanco, se volvió sin poder articular palabra, abriendo los brazos de par en par, reclamando el auxilio del jefe.
—¡Dejad eso! —ordenó Stanley.
—Perfectamente, patrón, ya está dejado —replicó Red lacónicamente—. ¡Pero apuesto a que usted ha de vivir para ver alumbrar el dÃa en que deseará que lo hubiésemos terminado a mi manera!