Senda de héroes
Senda de héroes Engancharon seis caballos a una carreta y, con un vaquero a cada lado tirando con un lazo y arreando a los animales, ascendieron el collado que les habÃa cerrado el paso.
Necesitaron todo el resto del dÃa para poder subir los otros vehÃculos, dejando la vacada atrás, en el valle, hasta el dÃa siguiente.
Al recorrer aquel paraje, Sterl exteriorizó con frases malhumoradas el disgusto que le producÃan la manigua que se abrÃa delante de sus ojos como un laberinto aparentemente impenetrable, y los confines de enfrente festoneados de cimas rocosas.
Diez millas o más de una marcha increÃblemente penosa, que habrÃa bastado para cubrir del mismo modo una distancia diez veces mayor..., luego una brecha y el vacÃo azul a sus pies. Y entonces... otra conferencia.
Seguiremos adelante —declaró Stanley Dann.
—No podremos pasar —afirmó Slyter.
—He confundido el camino —añadió Eric Dann, tartamudeando. Nadie le hizo el menor caso, El jefe investigó la opinión de sus hombres.
—Larry, Bligh, ¿qué decÃs vosotros?
Los vaqueros replicaron, casi al unÃsono, que el terreno presentaba muy mal aspecto, por no decir que era infranqueable.
—¿Y usted, Hazelton?
—No podemos volver atrás, patrón —dijo Sterl.