Senda de héroes
Senda de héroes La muchacha no podÃa comprender que aquellas palabras equivalÃan a decirle que habÃa empezado a aprender una gran lección de la vida. ¡Qué frágil se veÃa! Y, sin embargo, su afligida cara parecÃa más adorable que nunca. Beryl tenÃa coraje, aquella cualidad que Sterl respetaba más que cualquier otra en el hombre o en la mujer. Si conservaba la vida, saldrÃa de aquel infierno convertida en oro puro.
El vaquero se alejó por el collado en busca de Leslie. La encontró trepando la pendiente a pie, siguiendo las rodadas de las carretas, delgada y ágil, los ojos claros como un halcón, y con un atuendo de vaquero manchado y andrajoso.
—¿Qué tal, Sterl? ¿Estabas ansioso por m� —preguntó jadeando.
—No, Les. Solamente por King y la remuda.
—King, Jester, Duke y Lady Jane, siguen en toda forma. Sorrel cojea; calculo que está rendido. ¿Saldremos jamás de este paso, Sterl?
—No lo sé, y no me importa mucho.,, —¡Sterl, eso no es propio de ti! ¡Oh, querido mÃo, estás deshecho!
—Les, tú y Beryl me hacéis sentirme a veces avergonzado —replicó el muchacho.