Senda de héroes
Senda de héroes Pero, al fin, y cuando el ánimo de los expedicionarios habÃa llegado al punto más bajo, Friday encontró un desfiladero para salir a la llanura. La región que se presentaba ante ellos era muy diferente de la que describiera Eric Dann. Unas cuantas millas más abajo, después de una suave pendiente verde y sobre una llanura de hierba aterciopelada, la vacada de Stanley pastaba dibujando una gran mancha de color. Más allá se extendÃan otras llanuras interminables, moteadas de bosquecillos de pandáneos y palmeras, rayadas por franjas negras de otros árboles, y seccionadas de legua en legua por hilos de agua que resplandecÃan, y bordeadas en sus confines por un horizonte rojizo ilimitado. Estaban todos tan arrebatados de gozo al librarse de aquella espantosa manigua, que ninguno preguntó en voz alta dónde se encontraba. Sólo Sterl pensó en lo que Eric Dann habÃa jurado: que la región que se extendÃa al otro lado de la cordillera serÃa idéntica a la de los orÃgenes del Diamantina.