Senda de héroes
Senda de héroes —Muchos negros por allá. Un gran rÃo. Muchos cocodrilos. Mucha sal.
Quedaron aplastados. Stanley Dann se sentó apoyando los codos en las rodillas y acariciándose la barba con sus anchas manos; en la frente, las salientes venas resaltaban como cuerdas.
—¡Perdidos! —exclamó con voz hueca—. Apartados cientos de millas de nuestro camino.
—¡Agua salada! —estalló Slyter, aterrado.
—Debe de ser el rÃo Flinders —graznó Eric Dann.
—¿Queeé? —rugió el gigante—. ¡De acuerdo contigo cruzamos el Flinders semanas ha!
—Pero después recordé que no lo era. El Flinders es éste. Aquà está cerca de su nacimiento, y una vez que lo hayamos atravesado, encontraremos terreno más alto. ParecÃa tan inflamado por una inspirada certeza, que la mayorÃa de sus oyentes, cogiéndose a un hierro al rojo, sintieron renacer la esperanza. Pero Red y Sterl le miraron con ojos en que se veÃa la sospecha.
Pasada la noche, el sol se levantó como un disco en llamas en el lado contrario del horizonte. Stanley Dann ordenó a sus vaqueros:
—Dispersaos por la orilla del rÃo y buscad un sitio para cruzarlo.