Senda de héroes
Senda de héroes En el espacio de un instante Beryl se transformó de una mujer desesperadamente herida, apasionadamente furiosa que era, en otra, asombrada, que acababa de oÃr llanamente la verdad por la cual habÃa suspirado y de la cual habÃa dudado siempre, en otra a quien despojaran de repente de todo su fuego, dejándola pálida como una perla.
—Señor Krehl, es una lástima que nunca me lo dijera —exclamó—. Quizás el adorador que se siente tan terriblemente ligado a mà habrÃa descubierto que, en realidad, no es tan infortunado, pese a todo.
—Dejad ese tema, chiquillos —susurró Sterl—. Ahà viene Bligh; y yo gano la apuesta.
El joven vaquero volvió el rostro un instante hacia Sterl y, quitándose el sombrero, le saludó con una inclinación de cabeza. Desde la cintura para abajo, chorreaba agua.
—Beryl, me disgusta marcharme.., de este modo —habló con voz ronca—. Pero cuando vine a esta caravana tenÃa esperanzas de... de... de..., ya sabes qué. ¡Ruego al cielo que tu padre termine bien el viaje y deseo que tú seas feliz! Si es como nosotros... todos nosotros, imaginamos ¡puede decirse que ha vencido el mejor!
—¡Oh, Bob, qué bueno has sido! exclamó Beryl, radiante, y todo su orgullo y su desdén desaparecieron como si nunca hubieran existido—. Lo siento por todos, que tengáis que iros...