Senda de héroes
Senda de héroes ¡Dame un beso de despedida!
Y alargándole las manos, se inclinó hacia él presentándole un rostro como una amapola.
Bligh la besó de todo corazón, pero no en los labios. Luego, dejándola libre, se dirigió a Sterl y Red.
—Hazelton, Krehl: ha sido una dicha el conoceros —dijo tendiéndoles la mano—. Adiós y buena suerte. —Al volverse descubrió a Dann, que se acercaba procedente de su carreta y salió a su encuentro.
En aquel instante Red dio un salto cual una pantera.
—¡Indios malditos! —gritó—. ¡Agáchate!
Sterl se lanzó al suelo siguiendo con rápida mirada la dirección del rifle apuntado de Red y tuvo tiempo de ver, sobre una elevación del terreno, a un salvaje desnudo en el mismo momento de arrojar una lanza. El rifle de su camarada disparó. El indÃgena cayó de espaldas, fuera de la vista.
Casi simultáneamente, Sterl escuchó también el golpe blando de una lanza que penetraba en la carne. Al dar media vuelta vio el largo mango cimbreando en mitad de las anchas espaldas de Bligh.¡Agazapaos detrás de algo! —gritó con toda la fuerza de sus pulmones, corriendo a empuñar el rifle que estaba aboyado contra una rueda de la carreta.
—Muchos negros, aquà mismo —dio Friday jadeando y señalando hacia el terreno que se elevaba suavemente, cubierto de matorrales, detrás del campamento.