Senda de héroes
Senda de héroes —Papá crÃa la mejor raza de Australia —replicó la chica—. En ellos tiene puesto el corazón. Y yo, por mi parte, también. La razón principal que le mueve a cruzar el Never-never es haber sabido que allá, en el lejano Noroeste, en la región de los Kimberleys, se encuentra el clima perfecto, juntamente con agua y hierba de sobra para satisfacer con creces los sueños del ganadero más exigente.
—Es cosa que da gusto oÃr. ¿Qué son los Kimberleys?
—Unas docenas de montañas. Eric, el hermano de Stanley Dann, las ha visto. Dice que son cual un paraÃso. Varios años ha hizo un viaje a los Kimberleys, pero en aquella expedición no cruzaron el Never-never.
—Comprendo. AsÃ, pues, las tres mil millas de camino que vamos a emprender ¿son ni más ni menos que un atajo más corto?
—Lo son realmente. El proyecto en sà me causa escalofrÃos de placer.
—Seguramente. Y lo comprenderÃa muy bien para un muchacho. Mas para una chica...
—Estoy cansada de la escuela esa de Downsville. Además, no sabrÃa dejar marchar a papá y mamá sin mÃ.
—¿De verás? Pero ¿sabe usted montar, señorita Leslie? —continuó Red con voz monótona y burlona.
—Haga el favor de no llamarme señorita... ¿Montar? Cualquier dÃa le lanzaré un reto, señor vaquero.