Senda de héroes
Senda de héroes —Haga el favor de no llamarme señor... No hay que decir que no querrÃa correr compitiendo con usted. No hay muchacha en el mundo capaz de vencer a un vaquero de Texas.
—Yo no arriesgarÃa presagios ni apuestas —intervino Sterl.
—SerÃa mejor no hacerlo. Mis caballos son los mejores de Qeensland —afirmó Leslie, convencida—. Este otoño nos perderemos las carreras. Y lo siento, pues constituyen toda la diversión que aquà tenemos.
—Sus caballos... ¿Quiere decir los de su papá? —inquirió Red.
—No, mÃos propios. Tengo diez. ¡Estoy impaciente para mostrároslos!
Cuando los vaqueros hubieron dado las buenas noches y mientras se dirigÃan hacia su campamento, Red preguntó: —Amigo, ¿miraste bien a Leslie esta noche?
—TenÃa un aspecto muy atractivo sin duda, con aquel traje azul. Estoy de acuerdo en que nació sobre un caballo. ¿Te diste cuenta de que se mostraba un poco menos desenvuelta contigo que conmigo?
—No, amigo, no me di cuenta.
—Sin embargo, asà es. Pero ello no me priva de probar fortuna. ¡Oh! , no alimento grandes esperanzas de eliminarte; nunca conseguà conquistar ninguna chica cuando tú formabas parte de la escena.