Senda de héroes
Senda de héroes ¡Casi no quedan rastros ni de pellejo, ni de crines ni de pezuñas! ¡Aquel grupo debÃa de estar compuesto de un centenar de indÃgenas!
Durante diez noches, la banda de negros, reforzada en cada campamento, siguió de cerca las huellas de los expedicionarios. Nunca se veÃa otra cosa que la obsesionante magia de sus señales de humo. El silencio, el misterio, el inevitable ataque contra los caballos entre las sombras del gris amanecer, minaban cada vez más el espÃritu de los vaqueros. Los salvajes nunca mataban una ternera. Y el horrible miedo que infundÃan a los perseguidos era el de que cuando se cansaran de la carne de caballo, tratarÃan de obtenerla humana. Porque Slyter aseguró que eran canÃbales. Friday, cuando alguno mencionaba esta espantosa posibilidad, se volvÃa pálido como la muerte.
Los expedicionarios se acercaban ya al extremo de las llanuras. El rÃo habÃa disminuido hasta convertirse en un arroyo. DÃa por dÃa, las manchas y franjas de matorrales habÃa usurpado más y más el campo a la monotonÃa verde y brillante. En el horizonte aparecÃa un vago esbozo azul de terreno más elevado. Las aves acuáticas, a excepción de las grullas y airones, habÃan dado paso a una colorida y variada fauna de loros.