Senda de héroes
Senda de héroes —¿A qué distancia, Friday? —preguntó Red lacónicamente.
—Ahà mismo.
—¿Cuántos son?
—Muchos negros. Ninguna gin. Ninguna lubra. Red dirigió a su alrededor la llama azul de su mirada para asegurarse de no ser oÃdo por las mujeres.
—Es una corazonada, amigos —dijo—. Coged los rifles y cartuchos de repuesto. Daremos a los aborÃgenes un banquete de plomo.
Friday abrÃa el camino mientras se alejaban del campamento. Al acercarse a la maleza, el canto, que se elevaba en una nota aguda, les indicó que participaban en él multitud de voces. Pronto cruzaron danzando delante de la claridad del fuego, grotescas formas oscuras.
Friday los guió trazando zigzags entre los arbustos y los matorrales. Una balsa, o quizás una corriente de agua, los obligó a detenerse.
—Es todo lo lejos que podemos llegar —susurró Red—. Demos un vistazo. ¡Cuidado ahora!
Los cinco se levantaron silenciosamente para mirar por encima de la franja de maleza.
Sterl quedó sorprendido al ver una ancha extensión de agua reflejando como un espejo los tres fuegos y las figuras fantasmales de los negros danzando en extrañas evoluciones. Estaban a una distancia de cerca cien yardas.