Senda de héroes
Senda de héroes —Muchos negros —susurró Friday con tensa excitación—. ¡Gran corrobori! ¡Multitud de diablos en pos de la carne de caballo! ¡Más tarde, ser peor!
—Tienes razón —susurró Red—. Quizá significa que la carne de caballo se ha vuelto rancia. ¡Quieren cerdo negro! Hagamos que sea asÃ.
—¡Es evidente que a continuación nos asarán a nosotros! —admitió Sterl.
—Muy bien —susurró Red, con acento contenido—. Aseguraos del primer disparo.
Entonces, vaciad los rifles con toda rapidez; volved a cargarlos y huid. Amigo Sterl, deja de lado tu tierna debilidad hacia los indios y dispara como lo harÃas si uno de nosotros se estuviera asando en aquellas brasas.
Amartillaron los rifles, afinaron la punterÃa. Sterl encaró el arma a un denso grupo de figuras negras, amontonadas, que se balanceaban al mismo compás.
—Uno..., dos.... tres... ¡Fuego! —ordenó Red en voz baja.
Los rifles lanzaron sus estampidos. Se armó un pandemonium. Los indÃgenas en fuga loca se atropellaban unos a otros mientras caÃa sobre ellos un fuego despiadado. Al hacer una pausa para volver a cargar, Sterl miró atentamente a través del humo. Red disparaba todavÃa.
Formas negras se deslizaban fuera del cÃrculo de luz. Pero alrededor de los fuegos yacÃan tendidos muchos indÃgenas, al par que otros se retorcÃan y chillaban.