Senda de héroes
Senda de héroes —Huyamos, amigos —ordenó Red, con voz ronca, volviéndose de espaldas y echando a correr.
Al cabo de un rato el vaquero tuvo que hacer alto, rendido.
—Me figuro que estamos fuera del alcance de las lanzas —dijo, falto de respiración—. ¿No estoy acostumbrado a correr. Bien, ¿ha dado resultado?
—¿Resultado? Ha sido una carnicerÃa.
—Corramos hacia el campamento —añadió Red—. Estarán todos sobresaltados.
Su presentimiento quedó ampliamente confirmado. A la primera voz, salieron todos de debajo de la carreta. Dann se adelantó, rifle en mano, preguntando:
—¿Qué demonios ha ocurrido?
—¿Os han atacado? —inquirió Slyter vivamente.
Beryl se precipitó en brazos de Red, pasó los suyos alrededor del cuello del vaquero, y se dejó caer inerme sobre el pecho del muchacho. Estaba muy lejos de sospechar el significado que encerraban sus acciones.
—Patrón —dijo aquél—, fuimos por ellos. No habÃa más remedio.
El jefe insistió, con respiración alterada, sibilante: —Bien, pero ¿qué ha ocurrido?
—Les hemos sacado el diablo del cuerpo —declaró Benson—. Ha sido una buena cosa.
—¿Estás mudo, Hazelton? —inquirió Slyter tozudamente.