Senda de héroes
Senda de héroes Anteriormente habían atravesado más de un campo cubierto de esas extrañas habitaciones de tierra. Pero esto precisamente evidenciaba de una manera notable y sin precedentes la fecundidad y energía de aquellos insectos devoradores de madera y de hojas. A la luz del sol los termiteros tenían reflejos grises y amarillos; los había de todos tamaños, alcanzando hasta la altura de tres hombres de buena talla. Por la noche, a la luz de las estrellas, ofrecían un aspecto fantástico. Sterl comprobó que todos los troncos muertos que golpeaba eran sólo una vaina; el interior había sido devorado por los termes. Y de cada rama o árbol muerto, se derramaba un ejército de insectos furiosos por la invasión de sus hogares.
Sterl comprendió, al fin, la razón de que existieran en Australia aquellos magníficos eucaliptos. En las edades pasadas, la Naturaleza había desarrollado el gomero con sus múltiples variedades, que segregaban todas aceite de eucaliptos como una defensa, tan característica como los pinchos en un cactus.