Senda de héroes
Senda de héroes —Diablos, puedes ver que rezuman esas cualidades en cada lÃnea de su cuerpo. Los caballos son lo mismo en todas partes. Lo que ocurre es que nosotros no conocÃamos nunca otra cosa que rocines de ojos malignos, que mordÃan y coceaban.
—Red, recuerdo unos cuantos que no merecen esa calificación: Baldy, Cara Blanca, Spot..., y no es posible que olvides a Dusty, el que se destrozó el corazón y murió de pie por ti.
—¡Cierra el pico! No querÃa decir un caballo entre mil. ¡Santo Dios! ¿PodrÃa olvidar el dÃa en que Dusty aventajó a los de los comanches? Jones se acercó, andando sin prisas, acompañado por un corpulento joven, a quien presentó con el nombre de Larry.
—El dueño ha dado orden de que cada uno de vosotros escoja cinco caballos —le dijo—.
¡Apresuraos, pues!
—Vaya, Rol, estos animales se ven tan endiabladamente buenos que no considero necesario seleccionarlos. Pero sirve de diversión... Sterl, echemos a cara o cruz quién elige primero.
Red ganó y, tras un momento de vacilación, escogió el corcel de pelo negro brillante que tenÃa el corazón robado a Sterl.
—Es una maravilla —estalló gritando con entusiasmo.
—¡Cielos, qué caballo! Me lo quedo...