Senda de héroes
Senda de héroes Sin más revuelo, Sterl y Red pusieron en ejecución un plan que habÃan decidido previamente. Vaciaron su tienda y la volvieron a plantar a sotavento de la enorme carreta de Slyter. Después, mientras estaban cubriendo las ruedas para que sirvieran de muralla contra el vendaval, Beryl y Leslie se acercaron llenas de curiosidad.
—¿Por qué esa noble expresión en tu sudorosa frente, Red? —preguntó la primera.
—No hagas bromas, Beryl. Esto resultará un sacrificio endemoniado. Traed todas vuestras cosas y las camas y colocadlas en esta tienda.
—¿Por qué? —preguntó Beryl, incrédula.
—Porque tendréis que meteros en ella y permanecer en la misma hasta que esa tormenta de polvo que se avecina haya terminado.
—¿S� ¿Quién lo dice?
—Lo digo yo. Y, jovencita, cuando me pongo furioso, soy perfectamente capaz de emplear la fuerza.
—Me gustarÃa, precisamente. Pero es una de tus baladronadas.
Beryl estaba de pie, delante de Red, con su esbelto atuendo de muchacho, las manos en las caderas, la rubia cabeza inclinada a un lado y los inflamados ojos llenos de una expresión de reto y de otra cosa más, tan fascinadora como insondable.