Senda de héroes
Senda de héroes La última imagen que recogió Sterl al arrastrarse debajo de la carreta, fue el frente combado de la nube de polvo, casi encima de ellos.
—Y ahora, a esperar que pase —dijo con un suspiro, mientras se tendÃa en la cama—.
Tenemos muchos motivos de agradecimiento. Supón que nos hubiera cogido por el camino...
—Y supón que el rebaño se desbande. No serÃa cuerdo salir a detenerlo.
Los dos muchachos se dispusieron a resistir aquel tormento. HacÃa mucho calor dentro de su guarida, que al cabo de un rato quedó invadida por el polvo invisible que penetraba en ella por los poros y desgarrones del lienzo. Red se habÃa cubierto el rostro con un pañuelo húmedo y Sterl siguió su ejemplo. Después del ocaso, el viento disminuyó. Los vaqueros salieron. Una sombra opaca cubrÃa el panorama. El polvo se iba depositando sobre el suelo y los objetos todos. Los vaqueros estaban en movimiento; los Slyter cenaban.
Al anochecer, el aire estaba mucho más transparente y habÃa refrescado. Después de la cena, Sterl y Red salieron con los vaqueros para inspeccionar los caballos y el ganado.
Aunque no se habÃan extraviado, Dann ordenó que aquella noche se hiciera guardia en tres relevos. Cuando regresaron, Friday estaba sentado junto al fuego, con un hueso en la mano y un trozo de damper en la otra.