Sendas en la arena
Sendas en la arena —Eso depende de ti —repuso ella gravemente—. ¿Qué vas a hacer?
—¿Qué quieres hacer tú?
—Yo no me vuelvo atrás. ¿No podemos andar hasta la colonia india?
—No. Es demasiado tarde ya. Esta condenada arena no está quieta todavÃa. Y después de que oscurezca no estarÃa muy seguro de encontrar el camino.
Ruth contempló la arena, allá a lo lejos, por entre los huecos de las rocas... una tenue nube que se movÃa, se agitaba, se adelgazaba... y oyó también un suave y hondo rugido, extraño, amenazador.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó ella después de una larga pausa.
—Permanecer aquà hasta que Old Butch quiera moverse. Tenemos agua, alimentos, mantas.
Podemos pasarlo muy bien.
—No esperaba acampar contigo... sola en el desierto —declaró Ruth.
—¿Qué esperabas, entonces? —preguntó él, casi con enfado.
—Sólo Dios lo sabe. Nunca pensé en nada, excepto en escapar de aquel horrible agujero... y de él.
Stone se levantó, se acercó a ella, apoyándose en la rueda delantera.
—Bueno, te has marchado y no piensas volver. ¿No es hora ya de que pienses en m�