Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —Perdóneme que le haga tantas preguntas —continuó Brazos con burlona entonación—; pero ¿no pertenecerán ustedes a algún. equipo que se halle dispuesto a dar de comer a un vaquero hambriento?
—Mi patrón no se siente inclinado a favorecer a los caballistas vagabundos.
—¡Ah! Es cierto que hace tiempo que no como, pero no importa mucho. ¿Querrá usted decirme si hay por aquà cerca un poco de hierba para que pueda comer mi caballo?
—Muy cerca de aquà hay hierba buena, desconocido; y si quiere, puede usted dormir en esa vieja casucha.
—Gracias —contestó Brazos secamente.
El corpulento jinete se volvió hacia sus silenciosos compañeros, cuyas siluetas apenas eran discernibles en la oscuridad.
—Vamos, vamos, pronto. Si queremos llegar a Lamar esta noche tendremos que darnos prisa.
La pareja se unió a él, y los tres hombres pasaron junto a Brazos con excesiva rapidez para que pudiera distinguirlos, siguieron en dirección al Norte y pronto se perdieron de vista.