Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —Ya están arriba —contestó lacónicamente Brazos en tanto que cumplÃa lo que se le ordenaba. Las pistolas de aquellos hombres, que le apuntaban al pecho, y sus duros rostros, demostraban su decisión. Brazos habÃa visto muchas amenazas de tal naturaleza y habÃa sido objeto de no pocas. La mayorÃa de aquellos caballistas aparentaban ser vaqueros, pero algunos de ellos, y principalmente el hombre de la voz áspera y del rostro duro, que debÃa de ser el jefe, parecÃan ser hombres maduros.
—Desmonta, Stuke; y tú, Segel —ordenó el jefe. Los dos caballistas designados se dejaron caer de las sillas y se colocaron uno a cada lado de Brazos—. ¡Quitadle las pistolas!
Registradle... quitadle todo lo que lleve.
—¡Oiga! —dijo Brazos acaloradamente—. ¡No me quiten esa carta!
—Ten cuidado con lo que haces, vaquero, o te daremos qué sentir... Registrad la casa.
Jim, recoge su caballo.