Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Varias horas más tarde Brazos seguía el camino pensativamente hacia el valle de Coglan. De sus meditaciones y soledades en las cumbres dedujo que había hecho acopio de la energía y la fortaleza necesarias para perderse en la soledad y vivir en paz en el caso de que su sueño de amor no se realizase. Había solamente una inextinguible gota de amargura en su vaso; y ésta era una extraña y vaga duda de que se cumpliese el encanto que brillaba como un arco iris sobre su promesa de amor, fortuna y felicidad.
Decidió rechazar de la imaginación estos pensamientos, y a la mañana siguiente, a la hora del alba, abandonó la casa de Coglan e hizo el recorrido hasta Las Ánimas en ocho horas.
Brazos volvió a instalarse en casa del mejicano Joe y salió para visitar al barbero y hacer compras.
—¡Hola! —decía a todos los que encontraba—. Me alegro mucho de volver a verle. He estado en las montañas partiendo leña y cazando ciervos. Parece ser que esta vieja ciudad puede continuar desarrollándose sin mi ayuda...
Brazos entró en la gran tienda en que se expendían tantos variados artículos y dijo: