Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —Quiero el traje más condenadamente bueno que haya en esta tienda. —A pesar de los muchos y variados trajes de vaquero procedentes de Denver que habÃa en el establecimiento, era desacostumbradamente difÃcil complacer a Brazos—. Tengo que estar atractivo, lo que resulta un trabajo terrible para mÃ.
Por último, escogió una blusa gris y floja, un pañuelo rojo, un enorme sombrero blando y las botas altas más finas, que eran tan suaves y tan cómodas como un guante. Como adición a esta parte principal del equipo adquirió zapatos bajos y calcetines negros, camisas, pañuelos, ropa interior, pertrechos para afeitarse y tantas cosas más, que hasta olvidó cuáles eran.
Cuando las adquisiciones le fueron entregadas en su habitación, era ya oscuro. Brazos cenó con Joe y salió a la calle para que las tabernas y los garitos de juego pudieran tener conocimiento de su vuelta. Entró en todas partes, aun en el establecimiento de Hall, donde habÃa sido pintada una inscripción que decÃa: «Brazos Keene», bajo las huellas de las balas de la pared, y fue en todo momento el vaquero tranquilo, frÃo, pausado que siempre habÃa sido.
A la mañana siguiente Brazos puso en su tocado y vestimenta un cuidado mucho más detenido que el acostumbrado. En su rostro afeitado, tostado, casi hasta parecer rojo, por el sol, no habÃa una arruga ni una sombra.