Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Durante todo el resto de la velada Brazos se mezcló a sus compañeros. Pero, de todos modos, percibió que June no cesaba de observarle, como si supiera lo tonto, que era, y la radiante sonrisa de Janis, que parecÃa decirle que tenÃa un secreto que no podrÃa ser ocultado por mucho tiempo. HabÃa alguien que compartÃa este secreto —Brazos estaba seguro de ello—, y ese alguien era Henry Sisk. Jack Sain demostró una curiosidad que iba mucho más allá de los celos y que podrÃa llegar a sondear en el fondo del misterio. A medida que la velada transcurrÃa, Brazos comenzó a sospechar de los demás.
—Bueno, amigos —dijo en momento oportuno—, voy a despedirme de todos ustedes y a volver a la ciudad.
—¿Por qué? —preguntó Neece con rapidez—. Ésta es tu casa. Y Hank podrá ir mañana a buscar tu equipaje.
—Brazos Keene, tienes una obligación —habló Janis con una alegre sutilidad difÃcil de interpretar—. Este equipo de Neece se está mostrando demasiado turbulento y ruidoso. No puedes llevártelo a callejear por la ciudad.
—Supongo que me serÃa más difÃcil dominarlo si me quedase —replicó Brazos, para quien la alegrÃa habÃa desaparecido.
—Sólo he hablado en broma —dijo Janis presurosamente.