Sombreros gemelos
Sombreros gemelos ¡Cuánta lástima me producen! El castor y el búfalo han desaparecido casi por completo. El hombre blanco cría reses en todos los lugares donde crece la hierba... Si fuerais prudentes, pieles rojas, lo mejor que podríais hacer sería ir a esconderos en alguna montaña perdida y morir allí.
El zumbido que producía el tren murió en la lejanía, y la negra hilera de vagones, que parecía una serpiente, se ocultó entre dos grises elevaciones. Un momento más se entretuvieron los indios. Sus menudas siluetas de aspecto bravío se destacaron ante el cielo.
Luego, obligaron a girar a sus caballos mesteños y desaparecieron entre nubes de polvo rojo.
—Y, ahora que lo pienso —se dijo el jinete solitario—, esos indios no están tan mal como yo... No tengo dinero, ni trabajo, ni hogar... Estoy muerto de hambre, y solamente poseo dos cosas: un caballo y un revólver.
