Sombreros gemelos
Sombreros gemelos La acostumbrada frialdad y la fría apatía de Brazos Keene se habían eclipsado momentáneamente. El estado de proscrito en que se declaraba estaba muy lejos de ser nuevo para él. Su destino le había forzado, por espacio de muchos años, a viajar de los campos en que se criaban las vacas hasta los ranchos, desde una ganadería a otra. No podía permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. Siempre veíase obligado a alejarse. En consecuencia, la tristeza de aquel momento no podía tener su origen en aquel vagabundeo de vaquero. Puso lentamente la mano en el interior del abierto chaleco para extraer una gruesa carta, la blancura de cuyo papel estaba manchada por huellas digitales y diversas máculas. El joven había llorado muchas veces sobre aquella carta. Maravillándose nuevamente, experimentando una conmoción similar, pero mucho más débil, a la que sufrió la primera vez que vio la hermosa escritura, volvió a leer el matasellos de Correos y la dirección: «Lincoln, New México, mayo, 1880. Señor Brazos Keene, Latimer, Colorado, en el rancho X.» El matasellos de Latimer llevaba la fecha de un día más tarde que el primero.
