Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —¡Échale el lazo, Barsh! —ordenó Bodkin burlonamente. Se dirigió a un esbelto jinete cuyo rostro estaba ensombrecido por el ala del ancho sombrero. El jinete tenía en las manos una cuerda enrollada. La tiró hacia lo alto, y la cuerda se extendió, se estiró; su lazo cayó sobre la cabeza de Brazos, y resbaló hasta quedar detenida en sus hombros. Un nuevo movimiento, y la cuerda se cerró en torno al cuello del vaquero. El contacto del duro cáñamo contra la piel desnuda de su cuello sirvió .para que Brazos pusiera en libertad al demonio que hasta entonces había estado reprimido en su interior. Brazos jamás había sufrido una ignominia como aquélla en su accidentada vida, jamás había sido víctima de un ultraje semejante a manos de la ley de la frontera. Barsh se .acobardó visiblemente.
—¡Desmontad, todos vosotros! gritó Bodkin con voz estridente, en tanto que desmontaba él mismo y dejaba el rifle apoyado en el tronco del árbol—. Barsh, tira la cuerda por encima de aquella rama.
—¡Alto!
Esta orden brotó de la garganta del tejano. Inskip extendió un brazo para evitar que Barsh pudiera ejecutar lo que se le ordenaba.
—¡Eh! ¿Cómo...? —gruñó rudamente Bodkin mientras dirigía a Inskip una mirada colérica.