Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Una manada de patos silvestres voló rápidamente sobre el agua; los coyotes observaban al caballista desde la loma inmediata; los setos se agitaban con el movimiento de los ciervos o de las reses que descendÃan hacia el rÃo ; en la lejanÃa, en un valle, al pie de una empinada pendiente, unos caballos negros se destacaban ante el gris del fondo. El aire frÃo y penetrante, el fresco olor del rÃo, el débil color que se extendÃa a lo largo de las laderas cubiertas de matorrales, todo indicaba que eran los primeros dÃas de la primavera. Más allá del Purgatorio, la tierra se elevaba en bancos desiguales, cada uno de ellos más alto y más accidentado que los demás, y que conducÃan a las alturas cubiertas de vegetación gris; y éstas, a su vez, ascendÃan hasta las cumbres de las montañas, que se traducÃan bruscamente en unos muros de pizarra sobre los cuales se formaba una corona brillante de nieve blanca y rosada.
—¡Solamente cinco años! —murmuró el caballista mientras miraba hacia Occidente con ojos que nada veÃan—. Cinco años desde que pasé por aquà en dirección al camino del rancho de don Carlos... Y ¿qué he hecho de mi vida?
