Una Mujer indomable

Una Mujer indomable

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se despojó de la chaqueta y llenó de agua todos los cubos. ¡Qué fuente tan maravillosa..., tan fría como el hielo! El agua brotaba de entre unas rocas tan suaves como la seda, y aun en aquella avanzada época en cantidad superior a cien galones por minuto. Aquel manantial era inapreciable.

Mientras llenaba los cubos, Logan miró en torno suyo en busca de leña. En la altura, junto, al desfiladero, se dibujaba una arboleda de tiemblos que semejaba arder —vívidamente con el oro del crepúsculo. Debía de haber allí madera de tiemblo, que era la mejor del mundo, después de la de roble, para encender una hoguera. Se dirigió armado de un hacha al lugar propuesto, y regresó cargado con algunos troncos delgados. Observó con satisfacción que los castores habían cortado algunos retoños de tiemblo, y se preguntó dónde se hallaría su represa. Encendió una hoguera con ramas de pino, e hizo astillas de la madera de tiemblo que habría de quemar a continuación.

Lucinda no había vuelto aún.

Cuando Logan se hallaba preparando la cena, llegó Lucinda, cargada de un gran manojo de flores.

—¡Asteres purpúreos! —exclamó; y sus pálidas facciones se llenaron, por primera vez, de animación—. ¡Mis flores favoritas! Éstas son silvestres, mucho más grandes y hermosas que las cultivadas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker