Una Mujer indomable
Una Mujer indomable —Hay muchÃsimas flores silvestres en estos bosques —contestó él—. La que más me gusta de todas es esa que tiene la forma de una campanilla amarilla y que se inclina cuando se pasa cerca de ella en las cuencas de los arroyos.
—He visto rododendros dorados a lo largo de la carretera. Eso es algo... —dijo ella pensativamente. Ayudó a Logan a terminar de preparar la cena, la tomó sin apetito y secó los utensilios que Logan lavó. Éste estaba preocupado. No era dado a excesos verbales, mas si ella le hubiera animado en aquel momento, habrÃa comenzado a inculcarle el hábito de hablar. Pero Lucinda se limitó a decir solamente que en el desfiladero hacÃa mucho más calor. Aquella noche no se puso el grueso abrigo ni corrió ansiosamente en busca del fuego.
—Voy a prepararte el lecho antes de que sea demasiado oscuro —dijo él.
—¿Qué utilizaremos para alumbrarnos? —preguntó ella.
La hoguera. Puedo traer ahora ramas de pino. En la cabaña podremos utilizar una caja de velas que está ahÃ, entre esos bultos. Quiero decir: en la cabaña, cuando la hayamos construido.