Una Mujer indomable
Una Mujer indomable «Bien, no lo sé... —monologó el colonizador—. Ese viejo Tom el puma, ha entrado en mi corral para matar mis reses. Si no hubiera sido por él, habrÃa sufrido pocas pérdidas durante el invierno. ¡He de matar a ese viejo felino!»
Llevó una brazada de forraje a Bossy, y la arrojó bajo el cobertizo.
Estaba a punto de sentarse en el cajón acostumbrado, como operación preparatoria para ordeñar la vaca, cuando oyó un ruido de pezuñas y el mugido de las vacas en el extremo del lejano encerradero.
«Es ese endemoniado puma... ¡Con toda seguridad!» —murmuró Huett en tanto que se enderezaba para escuchar mejor. Luego se oyó un arañar de garra en la alta cerca, un golpe suave y una especie de gruñido seguido del mugido, repentinamente interrumpido, de una ternera.
Huett miró a su alrededor en busca de algún arma. HabÃa olvidado imprudentemente recoger el rifle a su salida de la casa. HabÃa una horca en el establo, pero encontró más cerca de sà un azadón, que recogió al mismo tiempo que corrÃa hacia el portillo más próximo. Tuvo tiempo de ver una mancha negra y convulsiva sobre la nieve, de oÃr un desgarrar de carne y una ahogada aspiración de aire. Un instante más tarde, un puma enorme, gris bajo la difusa luz del alba, abandonaba la ternera y saltaba en dirección a la cerca.